
“Dondequiera que vayan mis ojos, tierra adentro, no hay límite para el fuego devorador. Desde mis principios no hago sino acostumbrarme al incendio que me precedió y permanecerá vivo en la tierra cuando yo ya no esté aquí”.
Así comienza Un sepulcro en el cielo, novela construida como recreación poética de la vida del Greco en sus diversos escenarios: Creta, Venecia, Roma, El Escorial y, sobre todo, Toledo. En ella, el artista se dirige a la mujer amada, Jerónima, descubriendo su rico mundo interior y su percepción de una realidad compartida con personajes como Cervantes, Quevedo, Ticiano o el Veronés.
Bajo la evocación de la vida del Greco, la novela sorprende con un tenso acercamiento a las grandes cuestiones de la existencia, como el arte, la religión y la muerte, o el sentido del hombre en el mundo. El resultado es una gran novela, introspectiva pero vibrante, sobre el Hombre y la permanente nostalgia que lo traspasa.
Un sepulcro en el cielo nos sumerge de lleno, a través de un estilo tan cuidado como poético, en el siglo XVI español, una época considerada por el autor como aquella en la que el espíritu humano alcanzó su más alta cota.
Vintila Horia nace en Rumania en 1915. Fue diplomático en Roma y Viena hasta 1944, año en que es internado en los campos de concentración nazis de Krummhübel y María Pfarr. Fue liberado en junio de 1945, pero obligado ya a vivir en el exilio de por vida.
En 1960 publica en París su novela Dios ha nacido en el exilio y consigue el Premio Goncourt, al que se ve obligado a renunciar tras una intensísima campaña de la izquierda, en el poder, acusándole de filofascista. Vive en París de 1960 a 1964, año en que regresa a España. Trabajará como profesor en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid y luego como catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alcalá de Henares. Fue Premio Dante Alighieri, de Florencia, en 1981.
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