
Las vidas de San Francisco de Asís y de Santo Tomás de Aquino pueden parecer opuestas a primera vista, pero una mirada más atenta refleja su profunda complementariedad. San Francisco, el santo del amor desprendido y apasionado, de la entrega total y hasta casi “irreflexiva” a los pobres y a la creación entera, en el que prima la faceta existencial y poética sobre la discursiva. Y Santo Tomás, la contemplación intelectual pura, la entrega, sí, pero al estudio y a la meditación académica.
G. K. Chesterton fue capaz de escribir dos grandes biografías sobre estos dos grandes personajes de la historia y ahora, que por primera vez se publican juntas en lengua castellana, al lector se le brinda la oportunidad de descubrir el fuego secreto que alimentó a aquellos dos hombres. Quizás a través de este libro podamos intuir un poco más de cerca la naturaleza de ese misterio que es el Amor Divino, al cual los santos son especialmente capaces de responder con absoluta coherencia.
Con su pluma ágil y chispeante de siempre, el genial Chesterton nos muestra los efectos de este Amor reverberando en sintonía en dos de los mayores talentos que la humanidad nos ha dado nunca.
Gilbert K. Chesterton nació en Londres el 29 de mayo de 1874. Desde muy pequeño mostró un gran interés por las letras, aprendiéndose poesías de Shakespeare de memoria, aun cuando no sabía cuál era el significado de las palabras. Inquieto, siempre mantuvo una fuerte tensión religiosa. Educado en el anglicanismo, pasó momentos muy alejado de la fe, y en 1922, tras un proceso personal que duró varios años, pasó a formar parte de la Iglesia católica. Cultivó la crítica, el ensayo, la novela, la lírica, el relato breve y la redacción periodística. Sus obras gozaron de gran celebridad desde el primer momento, y fue un notorio polemista, conocido tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos. A lo largo de su vida fue distinguido con el grado de honoris causa por las universidades de Edimburgo, Dublín y Notre Dame, y fue hecho Caballero de la Orden de San Gregorio el Grande. Tras su muerte, el 14 de junio de 1936, el papa Pío XI le otorgó el título de Defensor Fidei. De su obra, El Buey Mudo ha publicado Por qué soy católico y Los límites de la cordura.
Cuando unos alarmados amigos le advirtieron que concienzudos eruditos habían consumido sus vidas a través de los siglos estudiando a Santo Tomás de Aquino, G. K. Chesterton hizo un paréntesis en su ímpetu creativo y pidió a su secretaria que buscara algunos libros especializados.
-¿Qué clase de libros? -preguntó su colaboradora.
Chesterton le respondió despreocupado:
-Los que usted quiera.
Con la ayuda de un sacerdote conocido, la responsable secretaria se entregó a la búsqueda de tratados y estudios sobre el Aquinate. Al presentarle a Chesterton el fruto de sus pesquisas, G. K. inclinó su jovial rostro, para permitir que sus ojillos miopes los recorran a toda prisa, deteniéndose en algunas páginas. Al darse por satisfecho tras un breve examen, los puso a un lado y terminó con el dictado. Más tarde uno de los ejemplares de Santo Tomás de Aquino llegó a manos del reputado tomista Étienne Gilson.
"-Chesterton es desesperante -exclamó Gilson-. He estudiado a Santo Tomás toda mi vida, y nunca podría haber escrito un libro como el suyo. Sólo un genio es capaz de esta hazaña".
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