
Es esta una novela excepcional, por su calidad literaria, por la aportación a la literatura de una tipología específica de héroe –no muy diferente a otros posteriores como el Zorro o Superman-, y por la trama misma. Pero es también excepcional, además de todo lo anterior, por ser uno de los pocos casos en que una obra con evidentes tintes contrarrevolucionarias ha sobrevivido con notable éxito al paso del tiempo.
¿Que quién es Pimpinela Escarlata? Un héroe. El salvador de la vida de numerosos nobles franceses que huían -¡cómo no hacerlo!- de Madame Guillotina, muy activa y acogedora por aquella época en que se encontraba en manos revolucionarias. Por entonces, rodaban cabezas con la misma facilidad con que se respira, mientras la multitud de ciudadanos curiosos se agolpaban anhelando siempre un mejor punto de vista. “Nobleza obliga”… a ser el primero en perder la cabeza, claro. Y así la cuna fue convertida en motivo de pena de muerte. Tal las cosas, aparece en escena Pimpinela Escarlata, héroe para unos, enemigo de la Revolución para otros, centro de admiración para todos.
Pimpinela Escarlata es obra de la Baronesa de Orczy, que nacida en 1865, hubo de abandonar Hungría, su tierra natal, por miedo a la revolución. Vivió en Budapest, Bruselas, París y, desde los quince años, en Londres.