
Alain Finkielkraut es un filósofo al que le gusta complicarse la vida. El acoso que sufre este intelectual franco-judío por parte de la intelligentsia progre de su país lo tiene al borde del exilio, incluso tiene algunos problemas para encontrar editorial que publique sus libros. Son cosas que pasan cuando uno deja de repetir los mantras del pensamiento políticamente correcto; unas puertas se cierran y otras se abren. Porque por estos mismos hechos, Finkielkraut llama nuestra atención, y en absoluto nos defrauda.
En las cuatro lecciones recogidas en Nosotros, los modernos el profesor de Filosofía de la Escuela Politécnica Francesa una vez más muestra su faceta del mayor polemista de las letras galas. A lo largo de su libro revela el principal problema de la modernidad, señalando la exclusión en nuestra cultura de la figura de la autoridad, entendida como “acontecimiento de síntesis experiencial”; esto es, como propuesta atractiva y viva de una tradición que da significado a la vida. En Nosotros, los modernos Finkielkraut hace emerger la identidad del posmoderno como hijo del moderno. Nos dice de dónde venimos y advierte del peligro que corremos de seguir siendo modernos, de seguir “matando al padre”: convertirnos en seres sin referencias, sin sueños, sin esperanzas, separados los unos de los otros, concentrados en nuestros deseos particulares, acabando por olvidarnos hasta de nosotros mismos.
Conocido por su anticonformismo intelectual, está considerado uno de los mayores filósofos contemporáneos. Profesor de Filosofía en la Escuela Politécnica Francesa, admirador de Charles Péguy, Enmanuel Levinas, Hanna Arendt o Milan Kundera, no duda en juzgar críticamente las derivas de la sociedad contemporánea. Ha publicado una docena de libros, muchos de ellos traducidos al español.
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