
Soloviev escribió Los tres diálogos y en relato del Anticristo en polémica con Tolstoi, cuando el escritor se había convertido en un pensador de influencia mundial. Su predicación de una “purificación” del cristianismo y de la sociedad en clave progresista, gnóstica y modernista, fueron contestados tanto por Soloviev como por la Iglesia ortodoxa rusa, que le condenó por su rechazo de la Encarnación y de la Resurrección. El “cristianismo” de Tolstoi se convierte en un conjunto de normas éticas, entre las que destaca el no oponerse al mal con violencia, justamente el punto de partida de los Tres diálogos.
Aunque el texto no fuera más que la refutación de los errores de Tolstoi (errores que a día de hoy siguen produciéndose entre cristianos “bienpensantes” de todo signo y latitud) ya sería digno de interés. Pero Soloviev, en la segunda parte del libro, va más allá. Se adentra en la naturaleza del Anticristo (omnicomprensivo, capaz de conciliar en sí todas las contradicciones), y la exposición del mensaje de la Sangrada Escritura acerca de los últimos tiempos pasa a un primer plano. El interés siempre vivo de esta obra nace de la clarividencia con que Soloviev supo mostrar uno de los rostros del Anticristo de la época moderna; un mundo secularizado en el que la falsificación del bien y el olvido de Cristo se presenta bajo el manto de la filantropía. Soloviev se centra en un aspecto de esta falsificación aparentemente menos destructivo que el ideológico-totalitario del siglo XX. Su Anticristo es posmoderno, actúa en un mundo desacralizado, sin horizontes trascendentes, entre la fragmentación religiosa y cultural. Acepta y respeta incluso a la Iglesia, pero sin Cristo. Su “utopía escatológica” es de signo iluminista, tecnocrático y gnóstico. Sin violencia, nos trae la paz.Vladimir Soloviev nació en Moscú el 16 de enero de 1853. Su padre, Serguei Soloviev, profesor y más tarde rector de la Universidad de Moscú, se hizo célebre por su magna obra Historia de Rusia. Tras publicar varias obras filosóficas, se enfrentó con las posturas nacionalistas eslavófilas predominantes en su país. Desilusionado, Soloviev se convence de que el pecado de Rusia está en el cisma religioso que la alejó de la catolicidad y se consagra al acercamiento entre iglesias. Se interesa por los eslavos católicos y defiende a los polacos frente a la política de rusificación. El 13 de febrero comulga de la mano de un sacerdote católico. Soloviev morirá a los cuarenta y siete años de edad el 13 de julio de 1900.
“El nuevo señor de la tierra era ante todo un compasivo filántropo; así, su amor no se limitaba a los hombres, sino que se extendía también a los animales. Era vegetariano y prohibió la vivisección, sometiendo a los mataderos a una severa normativa y animando a diversas sociedades protectoras de animales. Más importante que todos estos detalles fue la instauración en toda la comunidad de la igualdad fundamental, la igualdad de la saciedad universal. Esto sucedió durante el segundo año de reinado. La cuestión socioeconómica fue de este modo definitivamente resuelta, pero si la saciedad constituye el primer interés de los hambrientos, los saciados tienen necesidad también de otras cosas. Si los mismos animales saciados no se limitan a dormir, sino que también quieren jugar, mucho más los seres humanos, que post panem piden circenses”.
El relato del Anticristo