
Hay novelas que pasan de generación en generación sin nunca desgastarse. Quizá porque no están escritas para tomar el pelo a la gente, como El código da Vinci; o, simplemente, porque su autor tiene la suficiente sensibilidad como para llegar al alma de cada personaje y al fondo de cada situación, describiendo lo humano con tanta cercanía que es imposible no simpatizar con lo que nos cuentan las palabras.
La obra Los novios de Alessandro Manzoni permite, por su complejidad y riqueza, diferentes vías de abordaje. Muchas son las temáticas allí planteadas; entre ellas el llamado divino y el perdón (padre Cristóforo), la inocencia (Lucía), la compasión (que parte de Lucía y logra modificar a otros personajes), la perversidad (Gertrude), la Providencia y la fe en la justicia (enfrentamiento del padre Cristóforo con don Rodrigo), la peste como purificación (los contagiados, la epidemia), el remordimiento y el arrepentimiento (el Innombrado), el juego de poder que se establece entre los principales personajes. Todo ello nos habla de una riqueza que, sin duda alguna, es difícil de encontrar en la mayor parte de la novela contemporánea y que hacen de Los novios una obra singular, magnífica e imprescindible en la estantería de nuestro salón..
Situada cronológicamente entre finales del 1628 y 1630, bajo el dominio de Felipe IV y con el dramático episodio de la peste cercenando vidas, la novela está conducida por una armonía que enlaza de forma magistral ficción y hechos reales, elevándose desde su restringida parcela histórica para ser un vigoroso valor representativo del ser humano.
De ascendencia noble, Alessandro Manzoni nació en Milán, el 7 de marzo de 1785. Estudió en el Colegio de Nobles, y luego en la Universidad de Pavía. Por influencia de su abuelo materno, su juventud se caracterizó por una rebeldía racionalista y anticlerical. En 1808 se casó con Enriqueta Blondel, protestante, que se convirtió al catolicismo y propició que su esposo saliese de la indiferencia religiosa.
Falleció el 22 de mayo de 1873, tributándole Italia grandes honores como insigne poeta, prosista, historiador y pensador.
El propio Goethe declaró que “en Los novios se pasa constantemente de la conmoción a la admiración, y de la admiración a la conmoción, sin que se salga nunca de estos dos grandes efectos”.