
"Cualquiera que haya de ser la última etapa de la historia, ningún hombre cuerdo duda ya de que estamos presenciando las primeras. Ya no hay diferencia de tono ni de clase entre el orden colectivista y el orden comercial ordinario; el comercio tiene su burocracia y el comunismo su organización. Las cosas privadas ya son públicas en el peor sentido de la palabra, es decir, son impersonales y deshumanizadas. Y las cosas públicas ya son privadas en el peor sentido de la palabra; esto es, son misteriosas y secretas, y están muy corrompidas. El nuevo tipo de Gobierno comercial combinará todo lo malo con todos los planes para un mundo mejor. No habrá excentricidad, ni buen humor, ni noble desdén del mundo. No habrá nada, salvo una cosa abominable llamada «servicio social», que significa esclavitud sin lealtad. Este servicio será uno de los ideales. Olvidé mencionar que habrá ideales. Los hombres más ricos del movimiento han manifestado muy claramente que poseen cierto número de estos pequeños consuelos. La gente siempre tiene ideales cuando ya no puede tener ideas".
Los lÃmites de la cordura muestra la afinada intuición de Chesterton sobre las relaciones entre la propiedad y la libertad social. Chesterton reflexiona con su perspicacia habitual sobre el sistema social, polÃtico y económico. Ninguno puede presentarse con legitimidad sin poner en primer plano, como principio y fundamento de todo, la dignidad de la persona.
Gilbert K. Chesterton nació en Londres el 29 de mayo de 1874. Desde muy pequeño mostró un gran interés por las letras, aprendiéndose poesÃas de Shakespeare de memoria, aun cuando no sabÃa cuál era el significado de las palabras. Inquieto, siempre mantuvo una fuerte tensión religiosa. Educado en el anglicanismo, pasó momentos muy alejado de la fe, y en 1922, tras un proceso personal que duró varios años, pasó a formar parte de la Iglesia católica. Cultivó la crÃtica, el ensayo, la novela, la lÃrica, el relato breve y la redacción periodÃstica. Sus obras gozaron de gran celebridad desde el primer momento, y fue un notorio polemista, conocido tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos. A lo largo de su vida fue distinguido con el grado de honoris causa por las universidades de Edimburgo, DublÃn y Notre Dame, y fue hecho Caballero de la Orden de San Gregorio el Grande. Tras su muerte, el 14 de junio de 1936, el papa PÃo XI le otorgó el tÃtulo de Defensor Fidei. De su obra, El Buey Mudo ha publicado Por qué soy católico y Los lÃmites de la cordura.
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