
Lo primero que salta a la vista de la superstición del divorcio es su pertinencia. Al contrario que en muchos libros, aquí lo único que ha envejecido son las digresiones, mientras que el corazón del ensayo palpita como en 1920. La fuente de esta eterna juventud radica en que la argumentación no se hace tanto en contra del divorcio como a favor del matrimonio, que, a pesar de los esfuerzos legislativos, no cambia.
Pero, como decía, de Chesterton hay quien pretende quedarse con el estilo y con la gracia, olvidándose de las ideas que defiende que, según sus declaraciones, era lo único que él se tomaba en serio de su literatura. Pues bien, hacer ese juego de manos aquí es prácticamente imposible porque La superstición del divorcio, como su epigramático nombre indica, trata uno de los asuntos sensibles de la vida pública actual y porque lo hace con un desparpajo que no puede menos que entrar en conflicto con ideas establecidas.
La magia de Chesterton logra que sigamos las argumentaciones planetarias sin cansancio, con creciente euforia. En este libro, por ejemplo, para convencernos de que el divorcio es otra superstición más de una época que, por haber dejado de creer en Dios, cree en cualquier cosa, Chesterton nos habla de los votos de castidad, de la política de Inglaterra, del romanticismo, de la realidad, de la Edad Media, del crecimiento de la población mundial, del patriotismo y de los nacionalismos, de las tragedias del matrimonio, de las tácticas del capitalismo, del socialismo, de la esclavitud y hasta de arquitectura, entre otras cosas. Y ninguna de las etapas resulta baladí para la culminación de un argumento.
Gilbert Keith Chesterton (1874–1936) cultivó el ensayo, la narración, la biografía, la poesía, el periodismo y el libro de viajes.
La evolución espiritual de Chesterton le llevó desde un juvenil agnosticismo con devaneos espiritistas a convertirse en el intelectual católico inglés más importante de la primera mitad del siglo XX. Su abundantísima obra está llena de obras maestras, tanto en novela como en ensayo filosófico.
Escribió también biografías de grandes personajes de la historia. Famosas son sus aproximaciones a San Francisco de Asís o a Santo Tomás de Aquino. Su personaje más famoso es el Padre Brown, un sacerdote de apariencia ingenua cuya agudeza psicológica lo hace un formidable detective.
¿Ha leido el libro y quiere comentarlo, o quiere leer las opiniones de otros lectores?