
La obra maestra de Paul Claudel, sin ningún género de dudas, es La anunciación a María; uno de los mejores dramas cristianos del siglo XX. Esta obra teatral, que según la crítica es una de las cumbres de toda la literatura moderna, fue puesta en escena por primera vez en diciembre de 1912 y su carácter es mucho más contemporáneo que su contingencia temporal. Ambientada en la alta Edad Media. La anunciación a María nació de la conversión del autor (la noche de Navidad de 1886, durante el rezo de las Vísperas en Notre Dame) y expresa la mentalidad de los que hoy no creen en nada -como le sucedió a Claudel durante sus años de juventud- a la par que sintetiza perfectamente el paradójico estilo del principal representante del catolicismo francés en el teatro moderno; simbolismo y realismo, complejidad y sencillez, pluralidad y profundidad aparecen informados por una honda inquietud religiosa en la que se concilia la ortodoxia con el modernismo. Con sus tres protagonistas, Pierre de Craon, el artista constructor de catedrales, Violaine, la adolescente llena de amor virginal, y Anne Vercors, el aristócrata padre de familia, Claudel traza uno de los más vivos retratos que nunca se han escrito acerca de las distintas concepciones posibles del amor.
En suma, una obligada lectura para aquellos que todavía no han tenido el placer de descubrir este clásico.
Paul Claudel (Villeneuve-sur-Fère 1868 – París 1955) vivió su infancia en el campo, hasta que a los trece años su familia se trasladó a París. El día de Navidad de 1886 una iluminación súbita en Notre-Dame de París le devolvió la fe que había perdido años antes, y esa conversión marcó toda su vida. Licenciado en Derecho y Ciencias Políticas, sirvió en el cuerpo diplomático francés desde 1893 hasta 1936, lo que le llevó a viajar a y vivir en Brasil, Estados Unidos y China, entre otros muchos países. Casado en 1906 y padre de cinco hijos, la vida diplomática le permitió dedicarse a la literatura. Su obra es extensísima, tanto poética como teatral. Fue miembro de la Academia Francesa y Comendador de la Legión de Honor.
Como ocurre con muchos grandes escritores, la trayectoria vital del poeta y dramaturgo francés Paul Claudel parecía que iba a quedar prácticamente definida en sus primeros años de vida, inmerso en un ambiente familiar hostil que le llevó a conocer muy pronto la soledad, compañera infatigable de sus creaciones. Esta inclinación a la melancolía, sumada a la temprana muerte de su abuelo, hizo de Claudel un joven ateo de convicciones antirreligiosas. Sin embargo, una navidad fría, un coro de niños y la audición del Magnificat propiciaron una de las conversiones más sonadas de la historia de la literatura.