
“Estoy seguro de que Juana de Arco, el último de mis libros, es el que he logrado plenamente”
Mark Twain
Juana de Arco nació en una aldea de Francia en 1412. A los catorce años, no sabía leer ni escribir, ayudaba en casa con sus hermanas y asistía a menudo a la Iglesia. Era una niña muy devota y querida en el pueblo. Vivió en unos momentos muy difíciles para el reino de Francia, que estaba siendo invadida por los ingleses que tomaban rápida posesión de las ciudades más importantes del reino.
Paralelamente a las invasiones inglesas, santa Juana comenzó a oír voces que la llamaban a la insólita misión de salvar a su país. Tras no pocos rechazos y muchas sorpresas, logró una audiencia con el rey, quien le permitió guiar sus tropas contra los ingleses, cosa que hizo con brillantez, cosechando éxito tras éxito. A pesar de ello, la envidia y el escepticismo lograron que muchos de los que la tenían por heroína nacional perdieran la confianza en ella, incluido el rey.
Esta historia, una de las más impactantes e inverosímiles de entre todas las de santos, es contada por Mark Twain (que firmó esta obra con otro pseudónimo: Jean Fronçois Alden) con detalle, sentimiento y rigor, pero sin sacrificar por eso su estilo enfático y dinámico.
La forma más recomendable de acercarse a la figura de Juana de Arco.
Samuel Clemens (alias Mark Twain) nació en Missouri en 1835 y murió en Connecticut en 1910. A la muerte de su padre, con sólo doce años, tuvo que comenzar a trabajar y pasaría varios años empleado en distintas imprentas a lo largo y ancho de Estados Unidos, ejerciendo como tipógrafo, minero de plata, piloto en un barco de vapor… Pero ya en 1851 comenzó a publicar algunos cuentos y no paró hasta convertirse en un conocidísimo escritor.
Se casó con su gran amor en 1870 y tuvieron cuatro hijos. Pero la vida le castigó mucho: el niño murió al poco de nacer, una hija falleció por enfermedad, otra repentinamente, y su mujer quedó inválida.
En 1983 realizó una mala inversión y quedó arruinado, por lo que tuvo que dar conferencias por todo el país para recuperarse económicamente.
Tras la muerte de su tercera hija, falleció él a los cuatro meses. Sólo le sobrevivió una hija. Durante los últimos años de su vida logró gran reconocimiento internacional y recibió, entre otros, el doctorado Honoris Causa por la Universidad de Oxford en 1907.
Mark Twain es un autor internacionalmente célebre, no sólo por sus aclamadas obras Las aventuras de Huckelberry Finn y Las aventuras de Tom Sawyer, sino, sobre todo, por su inconfundible estilo irónico, directo, coloquial, cercano y encantador. Para redactar esta obra, en cambio, adoptó un estilo algo más clásico y apropiado a la narración que le ocupaba, aunque sin sacrificar por ello su estilo característico de cercanía con el lector y de amenidad.