
En este libro, que ha devenido en clásico, Richard M. Weaver diagnostica las enfermedades espirituales de nuestra época y nos ofrece un remedio realista. Las catástrofes de nuestro tiempo son el resultado, no de la necesidad, sino de decisiones poco sabias. Una cura, sostiene, es posible; subyace en el correcto uso de la razón humana, en la renovada aceptación de la realidad, y en el reconocimiento de que las ideas –como las acciones- tienen consecuencias.
Además, este libro profundamente poético no solo inició el renacimiento de la filosofía conservadora en los Estados Unidos, sino que, en este proceso, proporcionó las claves para entender las enfermedades que acosaban a América y, por extensión, a todo Occidente; claves de entendimiento que son tan actuales hoy en día como cuando fueron publicadas por primera vez, lo que convierte a este título en uno de los pocos auténticos clásicos en la tradición política norteamericana. Solo otros dos libros: La mentalidad conservadora, de Russell Kirk y Camino de servidumbre, de F. Hayek han influido tanto como Las ideas tienen consecuencias en la política americana de los últimos cincuenta años. No sería exagerado afirmar que estas doscientas veinticuatro páginas son las que prendieron la mecha de la Revolución Conservadora en acabó llevando a Ronald Reagan a la presidencia de los Estados Unidos.Richard M. Weaver (1910-1963) es una de las principales figuras del moderno pensamiento conservador americano. Fue profesor de inglés en la Universidad de Chicago. Se dedicó, además, a estudiar en profundidad la trayectoria de Occidente en su devenir político, filosófico y artístico. Además del presente volumen, Weaver fue autor de varias obras más, entre las que destacan: The Ethics of Rhetoric (1953), Visions of Order (1964), and Life Without Prejudice (1965), estas dos últimas publicadas póstumamente.
“He aquí un libro más sobre la disolución de Occidente. Mi intención al escribirlo era alcanzar dos objetivos poco habituales en la cada vez más abundante literatura sobre el tema. En primer lugar, analizar dicho declive, no basándome en la analogía sino en la deducción. Quien esto escribe considera que el mundo es inteligible y los hombres son libres, y que las consecuencias que actualmente nos abruman no son fruto de una necesidad biológica o de cualquier otra índole, sino de decisiones que no han sido dictadas por la inteligencia. En segundo lugar, tengo la osadía de proponer, si no una solución general, al menos sí un atisbo de solución, desde la convicción de que los análisis científicos no valen nada cuando van acompañados de impotencia moral”.
Richard M. Weaver, Las ideas tienen consecuencias.¿Ha leido el libro y quiere comentarlo, o quiere leer las opiniones de otros lectores?