
La inteligencia al desnudo.
El racionalismo ilustrado del siglo XVIII engendró una minoría, los llamados “filósofos”, cuya denominación más exacta sería la de “intelectuales”. El filósofo o intelectual no restringía su mirada a la filosofía, pues debía saber y criticarlo todo, acabar con el protagonista social del clero y ocupar su puesto como conductor de la sociedad. Pero a diferencia de los dirigentes religiosos que realizaban su función según normas preestablecidas, los intelectuales imponen sus propias normas para cambiar la sociedad. Por esta razón afirma Paul Johnson que a diferencia de sus predecesores sacerdotales, no eran servidores ni intérpretes de los dioses sino sus sustitutos. Ahora bien ¿fueron coherentes los intelectuales con sus propios planteamientos? Cada uno de los capítulos del libro pone de manifiesto la contradicción de sus vidas, maquilladas con fachadas falsas que el historiador inglés desmonta una a una. Así, Rousseau, que propuso la creación de un estado paternalista, que se ocupase de las necesidades vitales de sus ciudadanos y de su educación desde la más tierna infancia, abandonó a sus cinco hijos uno tras otro nada más nacer en orfanatos y se olvidó de ellos el resto de su vida. Marx no supo que era pagar un sueldo, porque nunca lo hizo a pesar de tener obligación de hacerlo a su fiel criada nunca recibió paga alguna por su trabajo. Y como estos son analizados los casos de Shelley, Ibsen, Tolstoi, Hemingway, Bertold Brech, Bertrand Rusell y Sartre, entre otros.
Paul Jonson nació en Manchester en 1928. Historiados, periodista y redactor de discursos: se educó en Stonyhurst, el legendario colegio católico inglés al que también se educó Arthur Conan Doyle. Posteriormente estudió en el Magdalen Collage de Oxford, donde conoció a Margaret Tascher. Dirigió el New Statement durante seis años. Ha escrito más de 40 libros y conalbora en The Spectator, The Daily Tejegraph y numerosos periódicos y revistas de Estados Unidos. Aunque durante el principio de su carrera fue asociado con al izquierda de su país, hoy en día es considerado el historiador conservador más popular del mundo cultural anglosajón.
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