
Sartre es conocido como uno de los más ateos, nihilistas y existencialistas de todos los pensadores y autores del siglo XX. Y sin embargo nos dejó esta obra de teatro singular, con un mensaje de esperanza y un contenido casi cristiano.
Lo original de la obra comienza ya con su gestación, pues fue escrita en un campo de prisioneros (Stalag 12D) en 1940, en plena II Guerra Mundial. Sartre estaba allí recluido. Junto a algunos compañeros, alguno de ellos sacerdotes, decidieron hacer una obra de teatro en Navidad, para la cual Sartre escribió esta pequeña pieza.
Un pueblo de Palestina, sometido a los abusivos impuestos de Roma, decide no tener más hijos. Esa misma noche nace un niño (Jesús), que hace que todo cambie.
La obra, muy corta, es de una fuerza muy llamativa. Transmite sequedad, dolor, sangre yerma, para finalmente conceder una posibilidad a la esperanza, al sentido de las cosas. Sartre, en este caso, muestra una humanidad coherente. O un sentido último, o una escéptica desesperación. En medio, el abismo, la nada; aunque el hombre, voluntarista, pretenda construir algo que le permita soportar el dolor. Pero la nada no se puede adornar.
Jean Paul Sartre nace en París en 1905 perdiendo su padre al poco tiempo. Fue criado por su madre y sus abuelos. Desde joven se interesó por la filosofía y estudió en París, Berlín y Suiza. A lo largo de su vida conoció e intercambió pensamientos con Raymond Aron, Bertrand Russell, Albert Camus y Simone de Beauvoir (con quien tuvo una relación sentimental) entre otros.
Fue muy activo en el mundo de la política (comunista, apoyó el Mayo Francés, la Revolución Cultural China o la Revolución Cubana…) y colaboró con el ejército francés en la II Guerra Mundial. Fue un escritor muy prolífico tanto en novela, como sobre temas de filosofía y obras de teatro.
¿Ha leido el libro y quiere comentarlo, o quiere leer las opiniones de otros lectores?