
Las palabras del evangelista San Mateo que sirven de título al libro ya nos anticipan el milagro constante que es la historia de la Iglesia. Eso y la sucesión en el tiempo de los discípulos de Pedro, de los Papas. Nos encontramos ante un libro que trata de narrar esta milagrosa historia de forma rigurosa pero dotándola al tiempo de un ritmo "novelesco".
La lectura no puede resultar más atractiva. Sus páginas imantan nuestra atención de principio a fin -desde los primeros cristianos hasta el inicio del Concilio Vaticano II-, hace que nos sintamos protagonistas de una acción estremecedora, de unos hechos que se desenvuelven en el misterio de la libertad humana y de la voluntad divina. Lo divino y lo humano trenzan el maravilloso argumento de la salvación del hombre. El amor de Dios que se encarna en la historia, en su vertiginoso transcurrir.
La primera gran virtud de este libro es la sencillez de su estilo -que la multitud de datos no logra desbaratar- y su difícil síntesis. La segunda es que siendo un libro de historia no deja de transmitir un profundo poso de espiritualidad. Y no sólo por la materia de la que trata. Luis de Wohl, por encima de calamidades, herejías, corrupción o violencia ("Dios, de los males saca bienes"), es muy consciente de que se las está viendo con la Providencia, de que la santidad de muchas personas ha hecho posible que la barca de Pedro no zozobre.
Lectura muy aconsejable para todos. Para los cristianos y para cualquier persona culta que quiera conocer la historia de la Iglesia.
La literatura de Louis de Whol (1903-1961) es la historia de su vida, y la historia de su vida es la historia de una conversión más profunda en su fe.
Nació y vivió en Alemania hasta 1935, cuando le llegada de Hitler al poder le impulsó a iniciar una nueva vida en Inglaterra. Allí participó en la Segunda Guerra Mundial, llegando a ser capitán de la armada británica.
Hasta entonces su literatura consistía en novelas de suspense o historias de aventuras. Un día el cardenal Schuster, de Milán, le dijo: “Deje que sus escritos sean buenos. Por sus escritos será un día juzgado”. Y decidió servir a Dios con su literatura. Pronto se dio cuenta de que la gente necesitaba modelos, por lo que pensó que el mejor ejemplo era el de los santos.
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