
Basta con leer este libro para situarnos en el corazón de la cultura de la muerte. No se trata de una fría exposición científica, doctrinal o de principios sino de la realidad de personas con nombres y apellidos a las que se mata, si hace falta rematándoles con una bolsa de plástico, en nombre de la medicina.
En España ya avanzamos en la pendiente resbaladiza por la que Holanda va en cabeza y a la que lleva el no encontrar sentido a tantos misterios inherentes a la condición humana. Mientras unos luchan por la dignidad del hombre, por el desarrollo de los cuidados paliativos y la auténtica muerte digna, otros sólo encuentran sentido a la vida sana e independiente y en nombre de la dignidad humana matan a hombres y mujeres, enfermos y sanos.
La criptoeugenesia sigue avanzando entre nosotros, sólo los más fuertes merecen vivir. Al enfermo, al débil o al deprimido se le elimina en nombre de la compasión y la caridad.
\"Seducidos por la muerte\" podría ser una estupenda novela de terror psicológico, pero es real. Sencillamente espeluznante.Si fuese un enfermo terminal, ¿preferiría recibir tratamiento para eliminar el dolor o que un médico diese fin a su vida? La respuesta en estos casos es casi unánime, pues una cosa es el debate social sobre este tema en los medios de comunicación, que se produce casi siempre en torno a un caso límite, y otra cosa es el estudio serio de los resultados reales de la implantación de una ley. Ahí es donde los gobiernos se vuelven atrás, como acaba de ocurrir en Francia.
Ese estudio es lo que recoge el libro de Hendin, y es de agradecer que se haya hecho de forma muy amena, entremezclando la frialdad de los grandes números con la cercanía de muchos relatos narrados con gran viveza y humanidad. Resultan también muy ilustrativas las conversaciones del autor con los principales promotores de la eutanasia en Holanda, que van sazonando toda la obra.
Herbert Hendin es el Director Médico de la Suicide Prevention Internacional, y Catedrático de Psiquiatría del New York Medical College, que frenó a la administración Clinton cuando se disponía a sacar una ley financiada con fondos federales. El autor fue llamado a declarar, resumiendo las conclusiones de su obra, ante el Congreso de los Estados Unidos. Herbert Hendin se había desplazado antes a Holanda para estudiar la posibilidad de legalizar la eutanasia; el resultado fue este clarificador informe, recogido en un libro que se lee como novela, y que tuvo un enorme impacto en la opinión pública norteamericana.
Pág. 28. “Más de la mitad de los médicos holandeses se sienten libres de sugerir el suicidio o la eutanasia a sus enfermos, lo que claramente condiciona la voluntariedad del proceso. El 60 por ciento de los casos no son comunicados, por lo que la legislación no se puede aplicar. Casi la cuarta parte de los médicos admite haber acabado con la vida de enfermos que no les habían dado su consentimiento, lo que al menos en teoría es ilegal en Holanda, como lo es en cualquier otra parte. Algunos ejemplos pueden resultar ilustrativos. Una mujer que no quería seguir cuidando a su marido enfermo le presentó la alternativa de la eutanasia o que fuese internado en una residencia para enfermos crónicos. El hombre, asustado ante la perspectiva de verse a merced de extraños, eligió morir. Un médico acabó con la vida de una monja algunos días antes de lo que hubiera ocurrido naturalmente porque padecía un gran dolor, estimando que las convicciones religiosas de la monja no le permitían pedir la muerte.”
Pag.186. “La experiencia holandesa ilustra cómo una cultura transforma el suicidio en suicidio asistido y usa la eutanasia de una forma casi rutinaria para tratar con enfermedades graves o terminales, o incluso con la simple tristeza.”¿Ha leido el libro y quiere comentarlo, o quiere leer las opiniones de otros lectores?