
El nacionalismo evidenciado en su propia desnudez. Ésa es básicamente la tesis que mantiene vivo el hilo argumental de España no es una cáscara a lo largo de sus páginas.
En este libro, Ruiz Portella se fija en dos aspectos fundamentales sobre los que el nacionalismo ha erigido su castillo de naipes ideológico, para, a continuación, derribarlos con una lógica tan sencilla como evidente. El primero de ellos es el uso espurio que hace de la lengua, que es utilizada de manera partidaria como elemento unificador de nacionalismo, totalizador social y separatista. “La normalización lingüística no puede significar que se establezca una situación en la que sólo el catalán tenga la consideración de «lengua propia de Cataluña», porque como continúa valientemente el autor, esto no es así, ya que “la realidad indica que, tanto histórica como socialmente, ambas lenguas nos son igual de propias”.
El segundo pilar es el individualismo propuesto por los postulados reduccionistas, incapaces de asumir la riqueza de la dualidad. Por el contrario, denuncia el ensayo, se instalan en un maniqueísmo en el que lo etiquetado como nacionalista es bueno, dejando por evidente lo detestable de la cultura, historia, lengua e instituciones españolas.
Nació en Barcelona en 1947. Tras varios años en el extranjero regresó a España en el año 1994. En 1993 publicó en francés el ensayo La liberté et sa détresse –ou le désenchantement de la modernité.