
El éxito de El Código da Vinci ha generado toda una cohorte de imitadores que han acabado por crear casi un subgénero dentro de la novela histórica. Esta nueva especie de literatura se basa en aunar la ausencia de cualquier rigor en la reconstrucción o ambientación de los hechos narrados con la recuperación de todas las leyendas negras que a lo largo de los siglos se han vertido contra la Iglesia católica y que son eso, leyendas, pero que las novelas en cuestión presentan como novedosos hallazgos científicos. Pues bien, libros como El guardián de los libros secretos vienen a dar réplica, con las mismas armas, a Dan Brown y compañía. Joseph M. Carr ha escrito un best-seller donde la acción trepidante y la facilidad de su lectura no están reñidas con la seriedad documental y el respeto por el cristianismo.
Como consecuencia del asesinato de todos los varones de su familia, la condesa Leonor de Monclerc se ve obligada a huir llevándose consigo un manuscrito sagrado muy antiguo y poderoso: El Libro del Nombre Secreto de Dios. La noble dama lo ocultará en la abadía de Loc Dieu para evitar que caiga en poder de los hombres del rey de Francia. Pedro de Libreville, antiguo caballero templario, nombrado por el papa Juan XXII Guardián de los Libros Secretos, recibirá la orden de localizar la preciada obra, a la que se le atribuyen poderes extraordinarios. Sus averiguaciones le permitirán descubrir una terrible conjura de dimensiones insospechadas.
«Una de las mejores novelas históricas de los últimos años, con un ritmo asombroso que atrapa al lector desde la primera página».
The Guardian