
De nuevo, el autor nos traslada a la infancia –la suya y la de casi todos-, para evocar hechos y detalles que suelen pasar inadvertidos para los adultos, y que tanto significan cuando somos niños.
En este segundo volumen, la heroína es la madre de Marcel. Su grácil y delicada figura preside los diálogos, los paisajes y las pequeñas aventuras cotidianas que, en el alma de un niño, se convierten en grandiosas hazañas. Junto a la madre, está también Lili, el compañero de juegos de Marcel, y con él comparte sorpresas, temores y alegrías.
Lo extraordinario de Pagnol es su talento para recrear el mundo sentimental de una familia en la que todos los personajes se revelan en su más pura humanidad: los temores que asaltan a un padre haciendo algo prohibido, el terror íntimo de una madre frente a un castillo misterioso, la ansiedad del joven Pagnol por devorar los días en la escuela para regresar al campo. Sin duda, la escritura de Pagnol y su evocación de la infancia provoca la comparación con la magistral literatura de Proust.
El modo de contar de Pagnol es como su radiante y cautivadora Provenza natal. Pocos autores han descrito de forma tan luminosa el atractivo romanticismo de la infancia, que aúna realismo y poesía, sensibilidad y malicia.
Marcel Pagnol fue autor de comedias, guionista, director y productor de cine, editor y novelista de éxito. Su primer gran éxito, que le consagró como dramaturgo, fue Topaze, llevada luego a la pantalla en siete versiones. Elegido en la Academia Francesa, en 1946, se dedica al ensayo, a la traducción de clásicos y se inicia en la novela. A partir de la publicación de La gloria de mi padre y El castillo de mi madre, Pagnol se convirtió en ídolo para muchos, hasta su muerte en 1974.
Castillo de mi madre es la segunda parte de los Recuerdos de Marcel Pagnol. En esta obra volverá a encontrarse con situaciones y personajes de La gloria de mi padre. A pesar de todo, se puede gozar de la segunda parte aunque no se conozca la primera.