David de Jerusalen
de Louis de Wohl
Louis de Wohl revive la antigua y amada historia de David con toda su fuerza y esplendor. Novela basada en el relato bÃblico y en la propia investigación histórica del autor.
Recomendación de Criteria
De todas las figuras heróicas del Antiguo Testamento pocas son más deslumbrantes que las de David, el joven pastor destinado a gobernar Israel y ninguna contiene una mezcla tan atractiva y sobrecogedora de humana piedad, grandeza y fragilidad.
En las expertas manos de Louis de Wohl la antigua y amada historia de David revive con toda su fuerza y esplendor. Comienza cuando un desconocido joven es ungido por el profeta Samuel y continúa a través de sus años de servicio al Rey Saúl, del esplendor de su propio y largo reinado, de las desilusiones del envejecimiento y de la promesa eterna que hace presagiar el fin. Jonatán el amigo, la princesa Michol y la hermosa Betsabé, los generales Abner y UrÃas, Salomón y Absalón son solo algunos de los personajes que marcaron la vida de David. Una vida, quizá, entre las más intensa de la historia, en la que se encuentran todo lo que los hombres buscan y todo lo que a veces encuentran sin buscarlo: amor, riqueza, poder, piedad, belleza, dolor y traición.
Basada en el relato bÃblico y en la propia investigación histórica del autor, David de Jerusalén novela los acontecimientos que sucedieron hace tantos años pero siempre respetando escrupulosamente su historicidad. Estamos sin duda, ante una adecuada culminación de la extraordinaria carrera literaria de Louis de Wohl.
Sobre el autor
Louis de WohlLa literatura de Louis de Whol (1903-1961) es la historia de su vida, y la historia de su vida es la historia de una conversión más profunda en su fe.
Nació y vivió en Alemania hasta 1935, cuando le llegada de Hitler al poder le impulsó a iniciar una nueva vida en Inglaterra. Allà participó en la Segunda Guerra Mundial, llegando a ser capitán de la armada británica.
Hasta entonces su literatura consistÃa en novelas de suspense o historias de aventuras. Un dÃa el cardenal Schuster, de Milán, le dijo: “Deje que sus escritos sean buenos. Por sus escritos será un dÃa juzgadoâ€. Y decidió servir a Dios con su literatura. Pronto se dio cuenta de que la gente necesitaba modelos, por lo que pensó que el mejor ejemplo era el de los santos.
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