
Antes de que el hombre aprendiera a escribir y a leer, ya circulaban historias, ya el ser humano cantaba e interpretaba el mundo a través de leyendas. Jacob y Wilhelm Grimm no hicieron otra cosa que buscar, escuchar y recrear algunas de esas historias, su alfabeto heroico y ejemplarizante. Persiguiendo la gramática de la lengua alemana se encontraron con la sorpresa de su folclore. Mitos y leyendas que estaban allí desde tiempos inmemoriales.
Los dos hermanos indagaron en la tradición oral de los campesinos y en la poesía medieval, recopilando sistemáticamente unos cuentos que, en su sencillez, escondían una parte inquietante e importante de la experiencia humana. Ellos recrearon estas historias, haciendo de “Blancanieves” o “Cenicienta” una maravilla que forma parte de nuestra infancia, de nuestro acervo cultural. Su popularidad fue inmediata y universal.
Sus libros son un claro anticipo del romanticismo, con ese particular gusto por lo popular, por la antigüedad, por lo fantástico, en donde el lector-niño (y no tan niño) se deja llevar por unos personajes increíbles que, no sin cierta melancolía, nos ayudan a vivir, a reflexionar.
La originalidad de los hermanos Grimm está sobre todo en haber sabido recrear nuestros sueños. Y su pedagogía no es otra que la maravilla. Insistimos: su público no es sólo infantil, preludio de buenos lectores. Estos textos son una parte no pequeña de nuestra memoria, de nuestros recuerdos, de nuestros afanes. Somos lo que soñamos. Y su ingenuidad es sólo aparente.
Especialmente recomendado para niños a partir de 8 años.
Ambos hermanos nacieron en la localidad de Hanau, estudiaron en Kassel y Marburg y fueron catedráticos en Göttingen y académicos en Berlín.
Jacob Grimm (1785-1863) era más el poeta y el escritor y Wilhelm Grimm (1786-1859) el erudito. Pero los dos fueron grandes filólogos y estudiosos del lenguaje, al igual que Tolkien o C.S. Lewis.
En un momento dado de su búsqueda por el folklore germano, obtuvieron de una mujer llamada Pastora la mayoría de sus historias, que reunieron en un libro titulado Cuentos para la infancia y el hogar (1812-1815). Unos años más tarde lo ampliarían en Cuentos de hadas de los hermanos Grimm.
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