

Frente a la Revolución francesa, Edmund Burke dio forma al conjunto de ideas que conocemos como conservadurismo moderno. Socialistas y liberales dieron por enterradas esas ideas pero, para sorpresa de muchos, el conservadurismo se ha consolidado como el fenómeno político más influyente de la segunda mitad del siglo XX. No en vano la primera potencia mundial, Estados Unidos, es un país donde las ideas conservadoras gozan de una buena salud y capitalizan el debate intelectual.
Lejos de ser un residuo histórico, el conservadurismo es la fuerza intelectual más dinámica y con propuestas más novedosas de nuestro tiempo. El libro de Robert Nisbet es una síntesis de los principales rasgos que caracterizan a esta corriente de ideas y personas. Escrito con un lenguaje claro y comprensible, resulta ideal para iniciarse en el conocimiento del conservadurismo pues, aunque resumidos, en la obra aparecen sus aspectos más centrales. En concreto, estos se agrupan en cuatro grandes puntos: sus fuentes, atendiendo a las circunstancias históricas e ideológicas de su aparición, sus dogmas o ideas centrales que le han dado forma, sus consecuencias y, por último, qué perspectivas y nuevos retos se le presentan al conservadurismo. Aunque el libro de Nisbet se centre con mayor atención en la tradición conservadora anglosajona, que a la postre ha sido la que mayor influencia ha tenido, no ignora otras tradiciones, en especial la francesa y en menor medida la alemana, y presta atención también a pensadores españoles como Jaime Balmes, Donoso Cortés u Ortega y Gasset.
Pero si algo tiene el conservadurismo en abierto contraste con otros modos de pensar es su atención a lo real y su desprecio por la utopía. No es de extrañar pues que en la propia historia del conservadurismo tengan un papel destacado los grandes pensadores y políticos que vieron en este conjunto de ideas el modo más adecuado para buscar el bien común. Nisbet, por lo tanto, nos irá mostrando un elenco de personajes de interés indudable: Burke, Bonald, De Maistre, Tocqueville, Newman, T. S. Eliot, Dawson, Voegelin, De Jouvenel, Hayek y Russell Kirk entre los más destacados de quienes defienden unas ideas y unos principios que no se abrazan en abstracto, sino adaptados prudentemente a las circunstancias concretas de cada momento y situación.
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