
La mayoría de los libros de historia se escriben para corregir otros libros de historia. La Breve historia de Inglaterra no es una excepción. Concéntrico a fuerza de excentricidad, irónico por convencido, paradójico por aparentemente extemporáneo, Chesterton quiso escribir una historia popular –cuando la mayoría de los relatos de la historia de Inglaterra eran extremadamente antipopulares-, en la que lo fundamental radicara no tanto en los acontecimientos en sí como en la importancia que éstos hubieran tenido. En palabras de Bernard Shaw –su gran rival sobre el papel- el autor de este libro fue "el más conciso y a la vez el más completo historiador que este país desamparado pudo encontrar".
Como escribe el propio Chesterton en la introducción a la obra: "Los aspectos más olvidados de la historia inglesa no son pequeñas cosas oscuramente veladas por los especialistas, sino grandes cosas que éstos ignoran. La mayor parte de ellas pueden aprenderse, no sólo sin recurrir a complicadas lecturas, sino práctimante sin recurrir a ningún libro. Se pueden aprender de cosas tan grandes y obvias como el tamañazo de las iglesias góticas o el estilo de las casas de campo clásicas. No es necesaria ninguna erudición abstrusa para comprender que un propietario rural no es lo mismo que un abad aunque viva en una abadía. No hace falta ninguna lógica elaborada para entender que una tierra comunal pertenecía al común. La diferencia no radica tanto en los hechos como en la importancia de los hechos y ése es el terreno de la crítica más amplia y general".Gilbert Keith Chesterton (1874–1936) cultivó el ensayo, la narración, la biografía, la poesía, el periodismo y el libro de viajes.
La evolución espiritual de Chesterton le llevó desde un juvenil agnosticismo con devaneos espiritistas a convertirse en el intelectual católico inglés más importante de la primera mitad del siglo XX. Su abundantísima obra está llena de obras maestras, tanto en novela como en ensayo filosófico.
Escribió también biografías de grandes personajes de la historia. Famosas son sus aproximaciones a San Francisco de Asís o a Santo Tomás de Aquino. Su personaje más famoso es el Padre Brown, un sacerdote de apariencia ingenua cuya agudeza psicológica lo hace un formidable detective.
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