
“Las fanfarronadas españolas superan a las de cualquier otra nación, tanto que debe reconocerse que la nación española es brava, bravucona y valerosa, y de genio vivo y hábil para improvisar frases con ingenioâ€. Leyendo la admiración de Bourdeille, señor de Brantôme, no cabe sino pensar en la grandeza de aquellos hombres que nos precedieron; en cómo de bizarras debieron ser sus vidas y sus acciones para que un francés de la época se aviniera a escribir sobre ellos en términos tan elogiosos y encumbrados.
Bravuconadas de los españoles no es un tratado sobre historia, pero sà es una fuente histórica; ni un tratado sesudo sobre los españoles, pero sà un retrato ameno y fiel de los mismos. No tiene tampoco la pesadez de los trabajos académicos, sino que está escrito en un tono coloquial y fresco que le llevará de la admiración a la risa en continua alternancia. De hecho, los relatos están concebidos como un regalo personalÃsimo del autor a su señora, Margarita de Valois, duquesa de Valois, que parecÃa tener gran interés en estos temas. Al menos, deja constancia de ello el autor en carta destinada a ésta última: “noté un dÃa que tenÃais curiosidad por las «fanfarronadas españolas», en las que os complacÃais tanto que desde entonces me propuse escribir esta obra, en la que encontraréis no sólo gracias de los españoles, sino también de vuestros nobles franceses y otrosâ€.
Un libro ameno, divertido y con el rigor histórico propio de un testigo honesto y presencial, que no puede dejar de leer y recomendar a sus amigos. Por si no hubiera suficientes alicientes, el texto viene presentado por el historiador PÃo Moa, que, además de ser el traductor de la obra, nos ofrece un completo estudio de la época, traÃdo a colación del propio texto de Bourdeille. De esta forma el libro esconde dos obras en una, lo que lo convierte en doblemente interesante.
Tercer hijo del señor de Bourdeille, Pierre de Bourdeille, señor de Brantôme, nació en 1537 en Gascuña. Llegó a ser consagrado abate de Brantôme, aunque fue escasa su entrega a los trabajos eclesiásticos, haciéndose soldado y viajando por toda Europa.
Luchó contra los turcos en Ãfrica y participó en las guerras civiles francesas militando en el bando católico. A los cuarenta y cinco años sufrió un accidente con su caballo, que le dejó lisiado y con grandes dolores durante el resto de su vida.
Aprovechó su invalidez para escribir acerca de sus recuerdos, sus andanzas con diferentes damas y sus anécdotas de duelos o acciones militares. Falleció en 1614.
Al no obtener de Enrique III el cargo de senescal que le habÃa prometido, Bourdeille “arrojó al Sena su llave de gentilhombre de la cámara real y juró que «mil vidas que tuviese, no emplearÃa una al servicio de los reyes de Francia»â€.
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