
Mel Gibson produjo, dirigió y protagonizó este gran drama histórico medieval ganador de cinco oscars, incluido el de mejor película. En Braveheart, adaptación de la novela histórica del mismo nombre escrita por Randall Wallace (quién también escribió el guión), Gibson se sumergió en la vida del héroe William Wallace, el patriota escocés que en pleno siglo XIII lideró la primera guerra por la independencia de su país, en oposición a la tiranía del rey Eduardo I de Inglaterra.
Braveheart sintetiza dos de las grandes virtudes de Gibson como director de cine: es un excelente narrador -las más de tres horas que dura el film se ven sin pestañear- y cultiva con esmero la dimensión ética en las historias que cuenta. El resultado: sus películas no sólo son entretenidas, sino que -como sucede con toda auténtica obra de arte- el disfrute estético va acompañado de una lección moral que nos hace mejores personas.
Braveheart es un buen ejemplo de lo dicho: una realización brillante (la batalla del puente de Stirling está considerada una de las mejores escenas de combate de la historia del cine), una música inolvidable, una fotografía bellísima y unas interpretaciones perfectas al servicio de una historia que como pocas sabe ensalzar el valor de la dignidad, del amor, del deber y, sobre todo, de la auténtica libertad.
“Puede que nos quiten la vida, pero nunca nos quitaran... ¡¡la libertad!!”.
William Wallace en Braveheart
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